Otra vez, 5 de Noviembre de 2009

Aquí estoy otra vez escribiendo. Es muy díficil mantener un blog porque hace falta bastante tiempo para actualizar. Lo peor de todo es empezar a escribir. Una vez que se empieza ya sale todo rodado.

No voy a mentir y decir que en todo este tiempo no he escrito porque he estado muy ocupado; ese es obviamente uno de los motivos, pero no el único. Junto con la vaguería, motivo a todas luces apelable en estos casos, hay que añadir la presión por poner cosas realmente importantes en el blog y no cualquier tontería. Estuve, por este motivo, bastantes días sin escribir nada, porque no pasaba nada.

Esto de estar en un pueblo perdido de Alemania tiene, por otro lado, sus momentos negativos también. Existe eso que llaman la "depresión" del SVE, que nos afecta a todos en cierta manera. Y es que, esto de estar tan descolocado en otra parte del mundo que no es la tuya y con problemas y situaciones nuevas que se encuentran al acecho a diario no es moco de pavo.

De esa "depresión" nos hablaron, y mucho, durante el seminario al que fuimos. Nos llevaron a un pueblo aún más pequeño que este en el que vivo para hacer un seminario que duró 10 días. Fue una experiencia más que positiva. Pude conocer a muchos otros voluntarios europeos que estaban en Alemania y, lo que es más importante, conocer lo que estaban haciendo en sus respectivos proyectos. Porque, ¿qué hay en esta vida que deseemos más que comparar con el vecino? Una megalomanía que no alcanza solamente a los hombres a pesar del mito de si el tamaño importa o no. Una costumbre que no entiende de sexos, de edades ni de culturas; allí todo quisqui estaba como loco por saber cómo nos iba la vida a los demás, sacando punta al lápiz para comprobar si a alguien le pagaban más, si alguien trabajaba menos horas o si alguien tenías derecho a más horas de curso gratis de alemán. Y, sin comerlo ni beberlo, allí me encuentro yo con un gran póster que había dibujado yo mismo explicando a la gente durante unos 15 minutos como era mi vida, mi casa, mi trabajo... en alemán. Sí, habéis leído bien, en alemán. Hace nada de tiempo corrían gotas de sudor por mi frente cuando tenía que hablar 3 minutos en esta enrevesada lengua en un examen oral de alemán y aquí estoy yo ahora, discutiendo sobre cosas importantes sin despeinarme. Vale, que seguro que se me olvida poner el verbo al final y le he hecho una operación de cambio de sexo a mil palabras, sin contar los fallos de las declinaciones, pero... ¡Se me entendía! Esta es la mayoría del SVE. Bueno, eso y estar con un montón de chicos y chicas más o menos de mi edad en una especie de casa rural durante diez días jugando a juegos que nos devolvían a nuestra más tierna infancia y pasándolo bien durante todo el tiempo. También incluía una visita de un fin de semana a Berlín, que fue de las cosas que más disfruté. Con el dinero de mamá Europa, pudimos disfrutar a cuerpo de rey de ese fin de semana en Berlín, porque nos hicieron una visita guiada por ciertas zonas de la ciudad y nos llevaron a varios museos.

Y después de eso, tocaba volver de nuevo a la cruda realidad: ya no más Berlín, no más sentir el calor de tanta gente en una misma ciudad, sentir la explosión cultural en la que se ha convertido esta gran ciudad en los últimos años( y es que, como ya sabe todo el mundo, Berlín está muy de moda). No, ahora toca volver a la vida del pueblucho al que ni siquiera tengo el derecho de llamar pueblucho, porque es una ciudad con 50.000 habitantes, que se deben de esconder para que yo no los vea.

Menos mal que aquí también hay cosas que merecen la pena. Mis compañeras de piso y los otros voluntarios de la zona merecen la pena, cada uno a su manera. En el instituto estoy ahora mejor que nunca: me han pedido que me encargue de dar yo solito unas clases de preparación para un examen oficial de español del Instituto Cervantes. Son seis chicas solamente las que se van a presentar y encima tienes horarios muy incompatibles, por lo que es muy sencillo preparar las clases para dos o tres de ellas cada vez. Creo que ya me he aprendido los nombres, porque el otro día tuve un ligero problemilla con ello. Y para mejorar todo ello, en las clases ahora están tratando el tema de la juventud en España; ahí me veis a mí explicando los motivos por los que los jóvenes no salen del nido hasta los 30 (es muy gracioso cómo todos los alumnos se referían al "hotel mamá", que así es como se lo había explicado la profesora) o dando información de primera mano sobre el botellón. Sí, hay momentos impagables.

Después de tanto tiempo sin escribir seguro que se me han quedado mil cosas en el tintero, como que me puse bastante malo estando en el seminario y tenía una otitis horrible, así que tuve que ir al médico con la temperatura bajo cero y en bici, porque no había otra, y encima los monitores se enfadaron conmigo porque no sabía volver solo a esa "casa rural".

 

Eschuchando: Illinois de Sufjan Stevens, decididamente uno de los 5 mejores discos de lo que llevamos de siglo y el arma definitiva contra la pesadez de ánimo que provoca este tiempo lluvioso y frío.

Viernes, 18 de septiembre de 2009

Hace ya muchos días que no escribo. Quería haberlo hecho, pero ahora sabréis por qué no he podido.

El lunes fue un día horroroso. Tenía el examen de alemán en Lengerich, a pesar de que iba de mala gana porque me habían hablado mal de esa escuela de idiomas. La húngara me ha contado que está llena de inmigrantes turcos y albanos que hacen que el ritmo y el ambiente de las clases no sea el más adecuado. Me levanté pronto por la mañana para poder llegar al examen. El tiempo tampoco acompañaba: llovía y hacía bastante frío. Después de unos 40 minutos en un autobús que iba todo el camino limitado a 50 por hora y que daba unas vueltas increíbles, para pasar por cada rincón de los pueblecicos (mi destino, Lengerich, estaba a tan sólo 15 kilómetros y el bus tardaba más de 40), llegué allí. En el camino, zonas y zonas rurales casi deshabitadas que me daban unas ganas tremendas de volver a Madrid o a Barcelona. Una vez allí, pregunté al primer hombre con paraguas que vi y me indicó cómo llegar a la escuela. Yo llegué allí y apenas pude decir (siempre lo pienso antes de decirlo, para no meter la pata) “cita” y entregué el papel que me había dado mi tutora en el que ponía el nombre de la mujer que me iba a hacer el examen. Lo malo de cuando te preparas unas cuantas palabras para hablar es cuando te contestan. Ahí se te cae el mundo a los pies. Resultó que la mujer estaba enferma. Repetí varias veces la palabra “enferma” en forma de pregunta para evitar errores léxicos que devinieran en errores logísticos posteriores: no, no me había equivocado, la mujer estaba enferma. Y allí estaba yo, esta vez en la puerta del edificio, bajo la lluvia, en un pueblo perdido de Alemania. Sólo podía pensar en la falta que me hacía internet en ocasiones en las que parece que estoy en África (sé que soy un exagerado, pero no puedo evitar ser un burgués cosmopolita).

Después volví a la que había comenzado a ser mi segunda casa aquí, el turco con internet y teléfonos. La factura del turco ya es comparable a los gastos en comida, con eso de llamarme a casa y estar allí horas mirando el facebook como medicamento contra la morriña.

El martes volví al instituto después del fin de semana y el lunes sin haber ido. Volví a ayudar en las clases de español. Esta vez la temática era “Los niños de la calle”, que da pie para hablar en clase de temas de delincuencia y pobreza callejera en Latinoamérica y hacer comentarios de textos de bastante nivel, trabajando sobre canciones latinoamericanas que tratan el tema. Esto en el grupo que lleva un año estudiando español. Y con 16 o 17 años. Prefiero no compararlo con lo que hacemos en alemán en la universidad porque me entra depresión. Un detalle muy gracioso es que los alemanes no aplauden en clase: esto, si se piensa, hace demasiado ruido y puede ser molesto para las aulas de al lado. Y ahí estaba yo, atónito, viendo cómo después de la intervención de una chica empezaron todos a dar golpes con los nudillos en la mesa.

El miércoles ha sido uno de los mejores días que recuerdo. Creo que va a ponerse por delante de mi primera comunión en el ranking de eventos emotivos. Después de mi primer día desarrollando mi tarea verdadera en el instituto: ser el sheriff en la sala de ordenadores que los más pequeños utilizan en los recreos. Tuve un pequeño problema en secretaría por culpa, otra vez, de la barrera del idioma. ¿Por qué será tan difícil la palabra celofán? De hecho, la podrían poner en el programa de Password. Intentar explicar en alemán cuando te faltan las palabras que quieres algo para poner un papel en (sobre, encima, dentro... bienvenido al maravilloso mundo de las preposiciones) la puerta es de los peores tragos que he pasado nunca. No, no quiero un papel. No, bolis ya tengo. Por fin lo conseguí y colgué en la sala de ordenadores las reglas que me había dado la profesora. Sí, porque ese es mi territorio, yo soy el sheriff y ahí se siguen mis normas. Hay que tener cuidado para que no me toreen desde el principio los monstruítos. Uno me preguntó si podía instalar el Firefox en su ordenador, porque no tenía y en el de al lado sí. Yo le dije que no podía (me habían dejado claro que nadie podía instalar nada). Mejor, eso le quería decir. Pensé la frase en inglés (“You can't”) y la intenté decir en alemán (“Du kannst”), con lo que causé un galimatías, ya que eso significa “sí que puedes” en alemán; lo siguiente, un niño mirándome como si estuviera loco mientras él instalaba el programa y yo le gritaba “¡Puedes, puedes!” Cuando iba llegando la hora en la que se acaba el recreo me empecé a poner nervioso. No sabía cómo decirle a los chicos que se tenían que ir, así que me levanté, me acerqué a uno y le dije, indicándole mi muñeca (sin reloj): “Raus! Raus!” Eso en mi pueblo viene siendo que te venga un loco extranjero haciendo aspavientos y gritando “¡Fuera! ¡Fuera!”

Pero lo más importante: ¿por qué fue el miércoles uno de los mejores días de mi vida? Otra coordinadora llegó a casa cuando yo estaba haciendo la comida con Monika al volver del instituto y nos trajo las tarjetas que nos van a permitir viajar gratis todo el año por todas las ciudades y pueblos de la zona. ¡Puedo incluso ir a Holanda gratis! Cuando se iba a ir se me ocurrió preguntarle por internet. Todo fue tan fácil como que sacara la llave y abriera la famosa habitación insondable que podría haber salido en la serie de Perdidos. Sí, ya está. Y lo enchufó. Ya está, repito. El detalle de que tendrá que venir un técnico porque el wifi no funciona es lo de menos. Lo de que haya un cable colgando desde la habitación en el piso de abajo, pasando por las escaleras, hasta mi habitación arriba no importa. ¡Tengo internet y mi espíritu burgués cosmopolita ya se siente más saciado!

Otro hitos de esta semana han sido llegar 5 minutos tarde a la sala de ordenadores ayer jueves y que ningún niño viniera por ese motivo (estos alemanes con los horarios...), ponerles a las 2 polacas el vídeo de 2girls1cup (no apto para ningún público, ni siquiera los mayores de 18, para quien no lo conozca) y grabar sus reacciones. A lo mejor las cuelgo en youtube, estaría bien. También he aprendido varios chistes sobre polacos en alemán que le cuento a mi compañera de piso para chincharla. Hoy, en la sala de ordenadores también, 2 niños estaban discutiendo porque los dos querían ponerse en el ordenador más rápido (todos son bastantes lentos porque son antiguos) y tomé la decisión salomónica de echarlo a cara o cruz. Así aprendí cómo se dice cara o cruz en alemán y los chicos quedaron contentos.

 

Hoy ha venido la otra chica polaca, Camil, Camille o algo así. Es muy simpática y también habla genial alemán. De momento mi casa es 2/3 polaca. Me he enterado de que luego vendrán dos chicas más y las dos de Turquía. Va a ser gracioso por las mañanas el tema de tener un único baño y compartirlo con 4 chicas. Me parece que no volveré a ver el baño. Tendré que comprarme un urinal. Y así acaba ésta, la que ha sido mi primera semana como voluntario europeo en Ibbenbüren.

Quería terminar mandando un beso muy fuerte a mi tía Paz, que se que me lee. Me acuerdo mucho de tí y espero que todo salga bien.

Escuchando: icatfm, una radio catalana, por internet. Me trae buenos recuerdos y la música es muy agradable. ¡Qué casualidad, suena una canción alemana en esta radio! Haus am See de Peter Fox. http://www.icatfm.cat/

Domingo, 12 de septiembre de 2009

El viernes fui por la mañana al instituto a la hora que había quedado con mi tutora. Fui a la sala de profesores y me la encontré allí. A su lado estaba una de las profesoras de español, que me dijo que tenía 2 clases en unos minutos y si quería irme con ella. La tutora parecía encantada de librarse de mí, jeje. Antes de las clases me dio un papel en el que pone la dirección del pueblo al que tengo que ir para mis clases de alemán. Tengo que ir el lunes a las 10 y coger un autobús; después me devolverán el dinero del bus si guardo los tickets.

 

Las clases de español me sorprendieron: el primer grupo llevaba tan solo cuatro semanas aprendiendo español y ya les estaba la profesora hablando en español y todo. Todavía andaban aprendiendo los números y la familia, pero se veía mucho interés y un buen progreso. De ese progreso me di cuenta una hora después, cuando fui a la clase del grupo que llevaba ya un año con las clases. Tenían un nivel fantástico. Estaban hablando de los niños pobres de Latino América a través de unas canciones que les habían puesto en clase. Comentaban un montón de detalles y se mostraban muy participativos. Cuando uno corrigió a otro porque se le había olvidado la tilde diacrítica en la palabra “sólo” me quedé muy impresionado. Una chica quería decir “comportamiento” y no paraba de decir “compartimiento”. La profesora le explicó su error y escribió “compartimiento” en la pizarra. Le dije que se había equivocado porque no lleva esa i, pero después me di cuenta de que no debo hacer eso a la profesora en una clase porque estoy haciendo que pierda credibilidad y sobre todo autoridad. Lección aprendida. Lo único malo es que los chicos no saben muy bien por qué estoy allí y son un poco reacios a que les ayude con sus ejercicios. Creo que se piensan que les estoy controlando y comentaré sus fallos con la profesora. Me tendré que ganar su confianza de alguna manera, porque parece que básicamente será eso a lo que me dedique en estos lares, además de a cuidar de que los niños se comporten en la sala de ordenadores.

Después, al llegar a casa, me encontré con mi nueva compañera de piso. La polaca, que no es un polaco, se llama Monika. Estaba con otra amiga polaca que también está aquí de voluntariado, pero vive en una residencia de aquí cerca. Apenas las saludé y ya se estaban marchando, fueron cinco minutos de presentación.

Más tarde, después de haber comido, caí rendido en la siesta. Me despertó el timbre de casa. Eran tres chicas alemanas con una cartulina en la que ponía (en alemán, claro) “Bienvenidos a Alemania”. Estuve hablando un rato con ellas y me dijeron que durante todo el año pasado habían estado viniendo a esta casa porque eran amigas de los voluntarios. Me confirman lo de que las fiestas aquí eran tremendas y tenemos la tarea impuesta de mejorarlas este año. Me volvieron a decir que en casa hay internet. Supongo que el router debe de estar en esa habitación misteriosa cerrada con candado. Luego decidí hacer algo distinto e intenté ir a Münster. Ya tenía calculada la hora a la que pasaba el autobús y todo cuando vi que el precio eran... ¡9 euros! Obviamente, me quedé en casa. Por la noche volví a hablar con Monika, esta vez mucho más amable y con una conversación que si que duró algo más.

Ayer sábado salí con Monika y su compatriota Emilia por la mañana. Les enseñé el camino al supermercado y volví a comprar cosas para mí. Conocí a una ex voluntaria de Budapest que había terminado su año hace poco pero se sigue quedando aquí. Ahora paga algo más de 100 euros por su habitación en la residencia y está buscando trabajo por la zona. Volvimos a casa Monika, su amiga y yo y estuvimos cocinando. Ha quedado patente que cocino muy bien (para ellas) y estaban impresionadas, aunque no es para tanto. A las 7 de la tarde quedamos todos, incluyendo a la chica de Budapest y otro chico de la misma ciudad, pero que estaba viviendo en un pueblucho que hay aquí cerca. Y nos quejamos nosotros.

Fuimos al Rewe (el supermercado) a comprar unas birras y de allí fuimos al Aasee, el lago. Una vez allí, vimos que había una fiesta montada en un lado del lago, con casetas que vendían comida y bebida y hasta un concierto. Nos sentamos por allí y estuvimos charlando un buen rato. La húngara no debe de tolerar bien el alcohol, porque se tiró todo el viaje de vuelta como una loca. Fuimos a los columpios que había por la zona, incluso había una tirolina, y estuvimos jugando un rato allí como niños. Como habíamos salido tan pronto, eran como las 12 y Monika y yo ya estábamos muy cansados, así que nos fuimos para casa, a pesar de las protestas de la húngara.

Hoy domingo me he levantado y he salido a correr un rato a pesar de la lluvia. Ahora estoy escribiendo el diario y después me pondré a estudiar algo de gramática alemana, para que mañana vaya mejor preparado en la prueba de nivel que me hagan.

Escuchando música variada, ahora mismo suenan los Kaiser Chiefs.

 

 

Reeditado: Hubo problemas cuando lo subí la otra vez y ahora ya está mejor. Para no perder los comentarios que me habíais escrito, los copio aquí.

 

Las hungaras estan locas xD. Ya te contare tambien de un dia que salimos con 2 hungaros (chico y chica).
No corrijas a la profesora, pobrecilla!
Me gusta lo de las fiestas, eso promete!! ;)

Escrito por Judit 15/09/2009 17:36


Aii, Enrique! Vaya aventurilla! Ánimo y sigue escribiendo para que sepamos de ti! Y no te desanimes, que los comienzos siempre son duros ;)

Muaa!

Escrito por Ana Milán 15/09/2009 20:01


Mi querido amigo Quique: 
Estoy encantada con tu diario. Los detalles hacen que me transporte alli, contigo, y te echo menos de menos. Además, es como una especie de serie, tengo mucho interés por saber qué pasa después. ¿Qué pasa! ¿Qué pasa! Me produce ternura. Te hubiese abrazado el primer día, cuando estabas solo en tu habitación; además, me ha recordado a cuando llegué a Poitiers. Mi habitación en la buhardilla, con una mesa y una silla antiguas, viendo las torres del ayuntamiento desde el suelo enmoquetado, la mesita baja, la lluvia...

qué hermoso es vivir :)

Por cierto, ¡hay ofertas de ryanair por 1€! Estoy pensando en hacerte una visita para el puente de la Constitución. ¿A qué aeropuerto volaste? ¿Dusseldorf (Weeze) está bien de distancia? Ah, mi mejor amiga de Francia, Cécile, está este año de erasmus en Münster. ¡Es obligatorio que me pase por alli! Y no una, sino un par de veces :)

Pd. Podrías pasarme tu dirección, para escribirte, y si tienes teléfono en casa (¡nosotros ya tenemos, e internet!), para llamarte con Skype. Muá

Jueves 10 de Septiembre de 2009

Esta mañana he ido por fin al instituto en el que voy a estar todo el año. Creía que llegaba tarde, porque he tenido un grave problema doméstico al abrir el envase de Nesquik que incluso ha afectado a mi portátil; esperemos que no tenga consecuencias posteriores además de la de estar sacando granúsculos marrones de entre las teclas durante horas y limpiar la pantalla cada vez que cierro y abro el portátil. Cuando por fin he llegado, he intentado memorizar el nombre de la mujer por la que tenía que preguntar, mi tutora, porque no era nada fácil. Sólo tenía en mente dos palabras: el nombre de la mujer y “Freiwilliger”, que es voluntario en alemán. Las mujeres de secretaría no sabían muy bien a lo que me refería; menos mal que salió de la puerta de al lado la subdirectora, que andaba algo mejor enterada. Después de hablar un rato con ella, en inglés mejor durante la primera semana al menos, me aconsejó ella, apareció mi tutora. Ambas mujeres parecen muy amables, y me estuvieron preguntando por mis gustos y mi vida para ver en qué tipo de actividades podría colaborar en el instituto. Básicamente, la tarea para la que está pensado que venga es para vigilar a los monstruítos que el año pasado destrozaron la sala de ordenadores que hay en la planta de abajo, para que los más pequeños del instituto puedan ver su correo y pasar algún rato entre clase y clase. Además, puedo ayudar en las clases de español u otras si me pongo de acuerdo con los profesores. Y a eso fuimos después, a conocer a los profesores. Fuimos a la sala de profesores en la hora de descanso y allí estaban todos. Los saludos fueron cordiales pero no efusivos. Una de las tres profesoras de español intentó entablar una conversación en el idioma de Cervantes conmigo, pero se podría decir que la mujer no lo dominaba exactamente (pasar 2 veranos en Mallorca no te hace hablarlo...). El resto de profesores no parecían muy motivados en hablar en inglés conmigo y, en un momento tenso, mi tutora se intentó librar de mí para tomarse un café dejándome en la mesa de profesores jóvenes, la mayoría de prácticas en el instituto. Todos se fueron ausentando poco a poco, después de estar un rato mirándome como con miedo. El único que me hablaba un poco era un chico que estaba haciendo prácticas mandado por la universidad de Münster. Me preguntó que si yo había elegido la ciudad de Ibbenbüren, porque es enana y horrible y le costaba creerlo. Luego estuvo indagando sobre si me pagaban por hacer lo que iba a hacer. No era un chico demasiado agradable pero al menos se dignó a hablar conmigo.

Después la tutora me preguntó que si necesitaba que ella me acompañara al ayuntamiento para censarme y al banco para abrir una cuenta o si podía apañármelas solo. El tema era que me habían prometido desde la organización que esta mujer me ayudaría en estos trámites, así que le dije que sí que la necesitaba. No dejé de sentirme en toda la mañana como una carga, cuando precisamente estoy aquí para ayudar. La cuenta del banco me la abrirán la semana que viene, cuando decidan hacerme un contrato especial, ya que no soy estudiante, pero casi, no estoy en paro pero tampoco es que cobre un dineral, etc. A las 11 y media ya habíamos acabado todos los trámites. Mi tutora no me puede ayudar con lo de conseguir móvil porque dice que no tiene ni idea y que alguien más joven me podría ayudar mejor. Sí, estaba pensando en los jóvenes del instituto que me hicieron el vacío cuando me endosaron de mala manera en su mesa. En momentos de soledad y tristeza, parece que el capitalismo tiene una única solución: sí, consumir. Hubiera cogido mi bici para dar una vuelta, me hubiera conectado en casa a internet o hubiera estado un rato de charla con los amigos, pero es que carezco de todo eso. Así que fui al supermercado en el que había estado ayer. Entré buscando sal y salí con eso, pero también cerveza, vino (español, rebajado), aceite de oliva (italiano, rebajado), ketchup y otros manjares estudiantiles. La vuelta a casa desde allí fue genial, con las manos moradas y mojado por la lluvia.

Al llegar a casa, mientras estaba cocinando, llamaron a la puerta. Una chica que trabajaba para Kreis Steinfurt, la sede digamos de la junta provincial en la que estoy, venía a llevarse “cosas” (¡eran sacos de basura que había en la única habitación que estaba cerrada con llave!). Cual episodio de perdidos, pude ver que dentro había un ordenador y una televisión. Genial poder ver eso cuando lo más divertido que hay en esta casa sin internet ni televisión es leer los paquetes de los productos que acabo de comprar en el super. Intenté hasta invitar a la chica a comer, la hubiera forzado a quedarse porque cualquier compañía es bienvenida en estos momentos, pero no lo veía educado (lo de forzarla, digo. Quizás eso los alemanes lo tienen mal visto). La chica me preguntó que si quería algo mientras la ayudaba a meter las bolsas de basura en su coche (ya digo, un misterio lo de las bolsas que ni en la isla de perdidos). Después de me ofreció tímidamente a invitarme a tomar algo con sus amigos el fin de semana. Sé que era la típica invitación de cortesía sin ganas ninguna, pero en mi estado... Le dije que sí y estaba a punto de irse. Menos mal que estuve rápido y le pedí que me diera algo para contactar con ella. Tengo su e-mail, aunque ahora no sé si es tan buena idea lo de apuntarme donde no me llaman...

Después de llenarme el buche, me eché una buena siesta. Pero de las siestas españolas, de las de parar el despertador y quedarse otra hora más. Después estuve poniéndome al día por internet un rato (2 horas) en el ciber, con el dueño turco, que amenizaba el rato cantando. A partir de las 7 el mundo acaba. Muere. No hay nadie por las calles porque todo cierra a esa hora. Esa fue la hora en la que entré al ciber, y a las 9 que cerraba ya si que no había nadie. Decidí tomar algo en la pizzeria de debajo de mi casa. Resulta que ellos, mis vecinos marroquíes, me han informado más sobre quién vendrá, con quien voy a convivir, que los de la organización. Me han dado una charla agradable, con descuento incluído para la pizza. Yo a su vez les he informado de las posibilidades de abrir un kebab en España: estaban muy interesados en el negocio. Después me habían dicho que si me aburría sólo en casa y llegamos al hecho de que no tenía internet pero sí portátil. Uno de ellos se ofreció a venir a casa porque aseguraba que sí que había wifi. Esto ha sido hace un rato. No había wifi. Puede que el secreto esté en esa habitación insondable custodiada por una cerradura mágica. Como en la isla de perdidos, espero tener algún sueño revelador que me desvele cómo leches conseguir internet en esta casa, que será lo único que me pueda ayudar. Y mañana viene el compañero polaco. Le espero como agua de mayo. No me gusta estar en la situación de haber estado en la casa antes que nadie. Entre otras cosas porque se supone que me tenía que haber enterado de muchas cosas y parece que no sé nada aún. También porque ya he tenido el papel de hermano mayor y no me apetece mucho repetirlo (por esa metáfora de llegar al mundo antes, o llegar a Ibbenbüren antes, que es casi lo mismo).

Notas mentales:

> necesito bici e internet

·          > pedir lo que sea a la tutora y a los del instituto: aunque no les guste, encargarse
   de mí es parte de su trabajo

> hablar más con los de la pizzería
> intentar hacer buenas migas cuanto antes con el polaco
> enterarme de cuándo llegan los otros
> averiguar más sobre la habitación insondable

 

Escuchando “Rolled Gold”, el grandes éxitos de los Rolling Stones. Wild Horses en repetición en la tercera vez ahora mismo: me encanta.

Miércoles 9 de Septimbre de 2009

Ayer, martes 8 de septiembre, fue el día en que mi vida cambió. O puede que el día en que empezó a cambiar.

Después de un fin de semana en un pueblo de Málaga en el que nos hicieron la formación a la salida, me encontraba mucho más seguro de que quería hacer esto. Para lo que sirvió esa estancia en Málaga fue para darme cuenta de que no era el único que estaba haciendo esto del voluntariado, que había más gente igual de loca que yo. Y no solamente eso, si no que esta gente se iba a países en los que se hablan lenguas que no conocen y se van a pueblos realmente alejados de la mano de Dios. ¡Y yo que me quejaba de Ibbenbüren, con sus 50.000 habitantes!

Y bien... ¿Qué es todo eso del voluntariado europeo?   SVE

Como decía antes, ayer mi vida dio un vuelco interesante. Salí de casa sobre las 2 del mediodía con mi madre gritándome porque iba a llegar tarde. Al llegar al aeropuerto, tuve que esperar porque todavía no habían abierto la fila de facturación. Escala en el aeropuerto de Palma de Mallorca... ¡Y vaya escala! Tuve que estar esperando más de 3 horas en aquel lugar paradójico: parecía que ya había llegado a mi destino, a Alemania.

El vuelo llegaba a mi destino de verdad a la vergonzosa hora que representa la medianoche, sumándole media hora más por retrasos logísticos de las maletas. Se suponía que iba a haber una persona esperándome con un gran cartel con mi nombre para llevarme a la casa en la que voy a vivir. Al no haber nadie, esperaba al menos ver un cartel con el nombre del instituto, con la palabra VOLUNTARIO, ya estaba repasando en mi mente como se decía... Pero nada, no había ningún cartelito. Después de estar un rato esperando, un hombre se acerco a mí con un tímido “¿Engrique?” Sí, ¡ese soy yo! ¡Ya no dormiré en el suelo de este aeropuerto! Tras las conversaciones de alto grado cultural que intentamos mantener con mi super nivel de alemán (me niego en redondo a hablar inglés mientras pueda, que el año de hablar inglés ya pasó), me avisó de que llegamos a otra zona oscura (en todo el camino desde el aeropuerto apenas vi farolas) que era Ibbenbüren.

Lo mejor vino entonces. Me enseñó la casa y me dejó escoger la habitación: iba a estar solo de momento hasta que llegaran el resto de voluntarios (este viernes, un polaco).Tenemos un cuarto de baño para todos (puedo otear problemas en la distancia) y una cocina que está muy bien. No hay un salón entre los espacios comunes, aunque hay una terraza saliendo por la cocina que tiene una casita acristalada. El hombre me dijo que por allí han pasado muchas fiestas; es de lo mejor de la casa. He escogido una habitación del piso de arriba que hace boardilla. Porque es grande. Porque tengo un colchón debajo del mío para invitados. Porque tengo una mesa de escritorio con silla. Porque tengo mi pequeño saloncito con un tresillo, dos sofás pequeños y 2 mesas más. Porque desde la cama, acostado, puedo ver las estrellas por la noche.

Hoy he tenido todo el día libre. Después de la ducha y el desayuno, que me lo había dejado Marcin, el que me vino a recoger, en una cestita, salí a ver el lugar en el que voy a estar viviendo todo el año. Según salgo de mi casa tengo la estación de trenes y autobuses enfrente, por lo que no me puedo quejar. Allí hay un local turco multiusos, que tiene internet, llamadas al extranjero baratas (más o menos) y algo de comida basurilla. Viene bien para comunicarse y esas cosas. Después he ido a visitar el pueblo (es ciudad, pero prefiero llamarlo pueblo). Todo el mundo tiene bici. Todo el mundo. Ver al padre con su niña de 3 años montada en el sidecar de su bici o ver a la abuela de 80 es algo normal aquí. Hay muchos comercios, todos muy grandes (como mi casa) y está todo rodeado de bosque. Es muy, muy agradable. Yo vivo al lado de un instituto enorme que (eso puedo sacar con mis conocimientos de alemán) parece que está especializado en formación profesional.

Y básicamente ese ha sido mi día. He visto los horarios de los autobuses, he localizado el ayuntamiento y otros puntos de interés y he ido marcando mentalmente las tiendas. Lo más importante es que me he dado cuenta de que necesito una bici. Mañana tengo que ir al instituto, no al que está al lado de mi casa, a uno que me queda a unos 10 minutos andando, y allí me darán más instrucciones, explicaciones...

 

Escuchando dos discos:

 

Faded Paper Pictures – Dynamo (2008)

CatPeople – What's the time MR Wolf? (2008)

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SVE: voluntariado europeo

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